
Publio Ovidio Nasón (43 a. C.-17 d. C.), el poeta romano autor de las Metamorfosis, la obra que desgrana la mitología griega y romana con sus historias sobre las transformaciones de dioses y humanos, murió hace más de dos mil años. Sus versos, sin embargo, continúan atrapando al lector porque las pasiones que canta son también las nuestras: deseo, engaño, lujuria, celos, venganza, dolor, alegrías o tristeza. También porque la influencia de sus casi 250 mitos y leyendas recorre la historia del arte occidental. Más informaciónA pesar de que la mitología aparece en las obras de buena parte de los museos, no se había organizado hasta ahora una exposición dedicada a la influencia de Ovidio, y así, Metamorfosen, la ha titulado en neerlandés el Rijksmuseum de Ámsterdam. Organizada en colaboración con la Galería Borghese de Roma ―que la montará después― y abierta en la capital neerlandesa hasta el 25 de mayo, reúne más de 80 obras maestras de pintores y escultores: de Caravaggio, Bernini y Tiziano a Tintoretto o Rubens; de Magritte, Brancusi y Bourgeois. Están juntos para mostrar que la narración de Ovidio es intemporal, y el auténtico protagonista es el ser humano.“Mi inspiración me lleva a hablar de las figuras transformadas en cuerpos nuevos: dioses sed favorables a mis proyectos”, invoca Ovidio en el primero de los 15 libros que componen las Metamorfosis. Su mezcla de alegoría e historia se acabó convirtiendo en “una Biblia para los artistas”, según escribió en 1604 el historiador neerlandés Karel van Mander en El libro de los pintores. En el museo, Tintoretto, de la escuela veneciana, es de los primeros en aparecer. En un lienzo cedido por la Galería Uffizi (Florencia), recreó en 1575-1585 el mito de la diosa Minerva (Atenea para los griegos) y la tejedora Aracne. La artesana, plena de belleza y juventud, presumió de ser más habilidosa que Minerva con el telar. Enfurecida, la diosa la transformó en la primera araña. Una trabajadora del Rijksmuseum limpia ‘Hermafrodito durmiente’, de Bernini, que se expone en la muestra ‘Metamorfosen’.Rijksmuseum/Kelly SchenkCinco siglos después, Louise Bourgeois, escultora francesa nacionalizada estadounidense, parece abrazar a la desdichada muchacha con dos de sus arácnidos de bronce plantados en el suelo. Fechados en 2003, y en la colección del Kunstmuseum (La Haya), el grande protege al pequeño. O como puede leerse en la cartela explicativa: “La araña como tejedora y como vengadora”. No es este el único ejemplo de la ira divina contra un mortal, y el mito de Medusa asoma desde la oscuridad de una sala dispuesta solo para ella. Ovidio no la describe como un monstruo, sino como una joven de cabello precioso que era sacerdotisa de Atenea. Cuando Medusa fue violada por Poseidón en el templo de la diosa, esta la castigó solo a ella transformando su pelo en serpientes vivas. Su mirada, antes hermosa, podía petrificar. En un vídeo proyectado en tres paredes, múltiples ofidios verdosos se deslizan en bucle por el rostro de una mujer que abre y cierra los ojos. Fechada en 2019, la obra es de la artista visual neerlandesa Juul Kraijer, y refleja “el lapso donde el malestar coexiste con la belleza”. Frits Scholten, conservador de esculturas del Rijksmuseum, escribe en el catálogo que Medusa es un caso de lo que hoy llamaríamos “culpar a la víctima”. Al tiempo, apunta que el mito “se ha reinterpretado y ya no es monstruosa, sino un símbolo de la lucha contra la violencia sexual y el feminicidio”.Hay momentos de quietud también. Como la percibida ante la escultura yacente de mármol Hermafrodito durmiente, de Bernini. Llegada del Museo del Louvre (París), representa la fusión del cuerpo de un hombre y de una mujer sobre un colchón también marmóreo. Ovidio lo describe como un joven al que abrazó la ninfa Salmacis, que pidió a los dioses que no los separaran jamás. El resultado fue “una sola forma de naturaleza dual, que parecía ser ambos o ninguno”, según el poeta. La estatua es romana y del siglo II (d. C.). Descubierta en la época de Bernini, el artista esculpió en 1620 el colchón, de un realismo asombroso. Es una de las piezas favoritas de Scholten, que pone la fusión como un ejemplo clásico de fluidez de género. El experto reconoce que “para apreciar estas obras se precisa un conocimiento previo, y eran para la élite”. Hoy, asegura, “el reto es que un público amplio acceda a temas que han sido en cierto modo olvidados, cuando fueron tan populares durante siglos”.Trabajadores del Rijksmuseum instalan ‘Narciso’, de Caravaggio, en la exposición ‘Metamorfosen’ en el museo.Rijksmuseum/Kelly SchenkLa poesía de la mitología generó un gran interés por la belleza del cuerpo, y Scholten explica que en la corte italiana del siglo XVI, “el desnudo y los temas eróticos eran muy importantes”. Está plantado frente a la tela Dánae, la princesa seducida por Zeus (Júpiter en Roma) con una “lluvia de oro”, plasmada por Tiziano en 1552 para el rey Felipe II de España. La piel brilla a su vez generosa en Leda y el cisne, de la que cuelga una reproducción de 1530 del lienzo de Miguel Ángel Buonarroti. El original fue destruido por orden de la reina Ana de Austria porque le parecía demasiado explícito. Es de la National Gallery (Londres) y el abrazo entre la también princesa Leda y Zeus, el rey de los dioses transformado en un ave de gran tamaño, conserva el erotismo que estremeció a la soberana. Hay otros temblores en la imaginación artística de los pintores reunidos en Ámsterdam. El joven Narciso, convertido en esa flor porque miraba embelesado su propio reflejo en el agua, recogido por Caravaggio en 1597; Rodin, que se esculpió en 1908 como Pigmalión, enamorado de Galatea, la bellísima modelo de mármol que cobra vida y lo deslumbra; los dos zapatos de Magritte (1937) en El modelo rojo III, con la piel del calzado confundiéndose con la humana; Apolo y Marsias (1696), de Luca Giordano, cuando el sátiro retó al dios con su flauta y acabó desollado vivo. Este último procede de las Colecciones Reales del Patrimonio Nacional español. Al final de las Metamorfosis, Ovidio advierte al lector de que él no perecería, la transformación definitiva del ser humano. Estaba seguro de que acabaría siendo inmortalizado gracias a la fama de su obra. Acertó.
De Caravaggio a Bourgeois, los grandes maestros se unen para mostrar la inmortalidad de las ‘Metamorfosis’ de Ovidio | Cultura
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