El profesor colombiano Leonardo Escobar, desaparecido en México a inicios de año, ha denunciado este lunes que los agentes de la Guardia Nacional que lo detuvieron en el aeropuerto de Monterrey, Nuevo León, le fracturaron tres costillas antes de llevarlo a la cárcel de Apodaca. “Ya ha sido comprobado médicamente. Estuve en esta celda tres días, luego fui liberado. Se me entregaron mis pertenencias, pero cuando salí de la celda seguía muy desorientado”, ha expuesto Escobar en sus primeras declaraciones en la Ibero Puebla, la institución universitaria en la que trabaja. El docente desapareció el pasado 2 de enero en Apocada después de ser liberado por las autoridades locales. Ya no se volvió a saber de él hasta el pasado día 16, cuando fue encontrado internado en un centro de rehabilitación de Juárez, un municipio ubicado a unos 15 kilómetros del cuartel en el que estuvo encarcelado desde el 31 de diciembre. El caso de Escobar mantuvo en tensión a las autoridades universitarias desde su desaparición. “Estoy utilizando los medios de la única institución que me respaldó durante todo este tiempo [la Ibero Puebla]”, ha expuesto el docente, que ha subrayado que todas sus palabras se basan “en hechos comprobables, tanto por registros de cámaras, videos y también por evidencia científica”. Tras la desaparición hubo un silencio por parte de las autoridades, hasta el pasado 14 de enero, cuando el fiscal de Nuevo León, Javier Flores Saldívar, informó de que había sido detenido por la Guardia Nacional y puesto a disposición de la policía de Apodaca por “faltas administrativas”, sin especificar de cuáles se trataban. Escobar también ha denunciado que nunca se le informó de las causas de su arresto. “Dicen que yo me reusé a comunicarme con mis familiares, y yo recuerdo que los mismos agentes me dijeron que no me daban dicho derecho porque había llegado con altanerías y groserías”, ha subrayado. El profesor universitario ha criticado la falta de asistencia médica a su entrada en la celda de Apodaca, pese a encontrarse desorientado. Y ha afirmado que pasó las tres noches en el lugar “a la intemperie”: “Sin comer bien y tomando agua de un grifo que probablemente estaba oxidado. No sé si fue los metales lo que haya podido generar en mí ciertas fallas de conciencia”. La policía de Apodaca ha señalado horas más tarde que Escobar fue detenido en el aeropuerto “por alterar el orden”. “Durante el arresto se le respetaron sus derechos y se le suministraron líquidos y alimentos, al igual que a los demás detenidos”, ha expuesto la autoridad en un comunicado recogido por diversos medios. El abogado de la Ibero Simón Hernández, que asumió el caso de Escobar, ha reiterado las inconsistencias que ha vivido el docente desde su desaparición: todavía no saben si la vista del juez ocurrió antes o después de entrar a prisión; ni por qué Escobar nunca apareció en el Registro Nacional de Detenciones. “En esa cadena de responsabilidad de custodia de una persona detenida, no tenemos todavía evidencia fehaciente y reiteramos: es algo que les corresponderá a la Fiscalía de Nuevo León”, ha señalado. La policía municipal ha defendido que no tuvo la facultad para subir la nota al registro “al no ser el primer respondiente” del caso.El abogado también ha expuesto que no hay evidencias presentadas por las autoridades a partir de su salido de prisión, cuando regresó al aeropuerto. La dependencia local ha subrayado que Escobar salió de la cárcel por su propio pie, “sin que se le apreciaran signos de confusión o desorientación”. Unos días antes, el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, informó el pasado viernes de que la última información que se tenía de él era al salir del cuartel, y que en esas grabaciones “lo vieron un poco desorientado”.El docente ha afirmado que en las instalaciones aeroportuarias fue despojado de sus posesiones “de alguna manera”, lo que le impidió seguir su viaje hasta Ciudad de México, a donde debía viajar para llegar a Puebla, donde trabaja. “Llegó un punto que fui inadmitido al aeropuerto por razones que yo desconozco”, ha expuesto.Escobar pasó entonces una noche en el aeropuerto, hasta que, según ha dicho, estuvo obligado a deambular por las inmediaciones de las instalaciones. “Después de esto la policía empezó a alejarme más y más”, ha expuesto. El profesor ha contado que todo ello le llevó a una situación vulnerable, orillado a una situación de calle. Hasta que fue encontrado el 5 de enero en las calles de Juárez por Felipe Rangel, director de la clínica Félix. “Al tener contacto con él, me doy cuenta de la condición en la que se encontraba: estaba desvariante, en una situación de inconsciencia, presentaba miedo porque él en su paranoia reflejaba como si se estuviera escondiendo, pero no había nada”, expuso en entrevista con Multimedios. El docente ha agradecido el gesto de Rangel por ser los que le dieron asistencia humanitaria. El profesor se ha hecho eco de las dificultades que muchos viajeros colombianos tienen al aterrizar en México. “Creo que lo que vivo se trata de una condición discriminatoria”, ha expuesto Escobar, quien ha añadido que la entrega de sus datos en el prerregistro que deben rellenar los colombianos le ha podido llevar a una situación de “inseguridad y discriminación”. “En algunos puntos sentí que las personas sabían mis datos económicos y no sé de qué manera lo pudieron saber”, ha expuesto. El caso de Escobar es solo una de las situaciones controvertidas vividas en los últimos años por los viajeros llegados a México desde Colombia. Algunos de los entrevistados en el pasado por este diario han acusado a las autoridades de retenciones en las salas migratorias o incluso de extorsiones. Es un asunto que ya despertó la indignación para la Cancillería de Colombia en 2022, cuando expuso que existía el riesgo de que sus ciudadanos fueran deportados pese a cumplir todos los requisitos de entrada al país.

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